En los últimos años han aumentado en todo el mundo las enfermedades relacionadas con la alimentación, como la obesidad, la diabetes y los problemas cardiovasculares. Ante esta realidad, los gobiernos han impulsado políticas que buscan ofrecer información clara y accesible a los consumidores.
Una de las herramientas más importantes es el etiquetado nutrimental, que brinda datos objetivos sobre el contenido de los alimentos empacados. En medio de tantos mensajes publicitarios y envases llamativos, la etiqueta se convierte en un espacio de transparencia.
Aprender a leerla es como tener un mapa en el supermercado: nos ayuda a entender los sellos frontales, la tabla nutrimental y la lista de ingredientes. Con esta información podemos comparar productos y tomar decisiones más informadas, más allá del sabor, el color o lo atractivo del empaque.
Por ejemplo, ¿has visto los sellos al frente de los productos? En algunos países se presentan como octágonos negros que advierten sobre el exceso de azúcares, grasas saturadas o sodio. En otros casos, se utilizan semáforos, lupas o códigos de color que van del verde al rojo. Todos estos sistemas buscan lo mismo: ayudarnos a identificar de forma rápida cuando un producto contiene cantidades elevadas de ciertos nutrimentos que si se consumen en exceso pueden afectar la salud.
Reconocer estos elementos nos permite elegir mejor y cuidar nuestra salud en el día a día, diferenciando aquellos alimentos que pueden consumirse con mayor frecuencia de los que es recomendable moderar. Además, la evidencia científica respalda su utilidad: diversos estudios demuestran que un etiquetado claro y visible mejora nuestra capacidad para identificar nutrimentos, comprender porciones y tomar decisiones más informadas al momento de comprar.
Historia del etiquetado frontal en Latinoamérica
El etiquetado frontal es una medida de salud pública que consiste en colocar advertencias visibles en la parte delantera de los envases. Y no es un esfuerzo aislado, de acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), los 35 países miembros de la Región de las Américas han considerado la implementación del etiquetado frontal como una estrategia de salud pública.
De ellos, 30 lo han incorporado formalmente en su agenda normativa, once ya lo adoptaron y siete —Argentina, Chile, Ecuador, México, Perú, Uruguay y Venezuela— lo han implementado de manera oficial.
- Chile (2016): pionero con octágonos negros de advertencia: “ALTO EN calorías / azúcares / sodio / grasas saturadas”.
- Perú (2019): implementó octágonos negros de advertencia: “ALTO EN calorías / azúcares / sodio / grasas saturadas”.
- México (2020): adoptó octágonos negros adaptando las leyendas de advertencia; “EXCESO calorías / azúcares / sodio / grasas saturadas / grasas trans” e incorporando dos leyendas adicionales: “Con edulcorantes”, “No recomendable en niños” y “Con cafeína, evitar en niños”.
- Uruguay (2020): modelo de octágonos negros adaptando la leyenda: EXCESO DE…”.
- Argentina (2021): incorporó octágonos negros alineado al modelo chileno: “EXCESO EN…”..
- Brasil (2022): introduce el sistema de lupa negra, con la leyenda: “ALTO EM açúcar / gordura saturada / sódio”.
- Ecuador (2014): implementa el semáforo nutricional con la leyenda: ““BAJO / MEDIO / ALTO”.
Esto demuestra que el etiquetado frontal no es solo una tendencia, sino una herramienta respaldada por organismos internacionales para ayudar a la población a tomar decisiones más informadas y prevenir enfermedades relacionadas con la alimentación.
¿Qué es y cómo leer paso a paso la información nutrimental?
La información nutrimental es un desglose de la energía y los nutrimentos que aporta un alimento empacado. Aprender a leerla facilita entender mejor lo que se consume y poder comparar productos de forma más objetiva.
Porción
Cantidad base sobre la cual se calculan los valores de la tabla. Puede expresarse como gramos, mililitros o unidades (100 g, 1 pieza. 2 rebanadas, etc.).
Porciones por envase
Número de porciones en el paquete. Dato clave para elegir las porciones adecuadas a tus necesidades. si consumes más de una (o todo el envase), multiplica calorías y nutrimentos por las porciones consumidas.
Contenido energético
Energía total que aportan 100 g o una porción, en kilocalorías (kcal) y kilojulios (kJ). Indica cuánto contribuye el alimento a la energía del día.
Cantidad por 100 g / 100 ml
Formato estandarizado que facilita comparar productos en igualdad de condiciones.
Proteínas
Cantidad en 100 g o por porción. Las proteínas ayudan al mantenimiento y reparación de tejidos.
Grasas totales
Cantidad en 100 g o por porción. Aportan energía y facilitan la absorción de vitaminas A, D, E y K. Para interpretarlas mejor, revisa también grasas saturadas y trans.
Grasas saturadas
En exceso se asocian con mayor riesgo cardiovascular, conviene mantenerlas bajas.
Grasas trans
Se recomienda evitarlas, pues se asocian con riesgo cardiovascular.
Hidratos de carbono (carbohidratos)
Cantidad en 100 g o por porción, principal fuente de energía. Interprétalos junto con azúcares y fibra.
Azúcares
Parte de los carbohidratos. Pueden estar naturalmente presentes y/o agregados.
Azúcares añadidos
Incorporados durante la elaboración del producto (no los naturales, como en frutas o leche). Ayudan a identificar productos endulzados.
Fibra alimentaria (o fibra dietética)
Parte de los carbohidratos, no se digiere. Favorece saciedad y tránsito intestina.Puede moderar la glucosa en sangre. Más fibra, punto a favor.
Sodio
Se declara en mg. En exceso se asocia con hipertensión. Revísalo para elegir opciones con menos cantidad.
Vitaminas y minerales
Incluyen micronutrimentos como vitamina C, calcio, hierro, etc. Se expresan enel % de valores de referencia diaria (VRN/VNR o VD) que indican cuánto aporta una porción respecto a una dieta de referencia. Sirve para identificar si el aporte es bajo o alto y comparar productos.
Recuerda:
- Confirma porción y porciones por envase.
- Revisa energía y nutrimentos críticos (azúcares añadidos, grasas saturadas y trans y sodio).
Usa fibra y proteína para completar la evaluación del producto y comparar opciones.
¿Cómo leer la lista de ingredientes?
La lista de ingredientes siempre se organiza de mayor a menor cantidad. Esto significa que el primer ingrediente es el que está presente en mayor proporción dentro del producto.
Por ejemplo, si en un pan el primer ingrediente es harina integral de trigo y el segundo es levadura, podemos identificar que su componente principal son los granos enteros. En cambio, si el primer ingrediente fuera azúcar o harina refinada, el producto tendría una composición distinta.
Un tip práctico: mientras más corta y comprensible sea la lista de ingredientes, más fácil será entender qué estás consumiendo.
¿Cómo usar esta información para elegir mejor?
El etiquetado frontal, la tabla nutrimental y la lista de ingredientes no compiten entre sí: se complementan. Utilizarlos en conjunto nos permite:
Comparar productos
Si estamos eligiendo entre dos opciones y queremos favorecer la salud digestiva, podemos seleccionar aquella que aporte mayor cantidad de fibra.
Tomar decisiones informadas
Comprender lo que comemos nos ayuda a integrar de manera equilibrada los alimentos empacados con alimentos frescos, procurando que nuestra alimentación sea suficiente, completa, equilibrada, variada, adecuada e inocua.
En definitiva, leer etiquetas no es complicado: es una herramienta de autocuidado que nos permite decidir con información y no solo con lo que promete el empaque.
Conclusión
Leer etiquetas es una forma de cuidarte y tomar el control de tu alimentación. En medio de mensajes publicitarios y promesas llamativas, la etiqueta ofrece información clara sobre lo que realmente contiene un producto y te ayuda a decidir si es una buena opción para llevar a casa.
Los sellos frontales, la tabla nutrimental y la lista de ingredientes pueden convertirse en grandes aliados. Cuando los utilizas en conjunto, tienes la posibilidad de comparar productos, elegir con mayor criterio y proteger tu salud y la de tu familia.
Hoy, cuando el bienestar está estrechamente relacionado con lo que comemos, aprender a leer etiquetas no es solo una habilidad útil: es una herramienta necesaria. Es una manera práctica de tomar decisiones conscientes y construir una alimentación más informada, más equilibrada y más tuya.
Fuentes de consulta
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