La tecnología alimentaria aplica principios científicos y de ingeniería para garantizar que los alimentos sean seguros, nutritivos y apetecibles. Además, esta disciplina permite afrontar desafíos actuales como el desperdicio de alimentos, la seguridad alimentaria y la disponibilidad de opciones nutritivas y prácticas en un mundo en constante evolución.
En esta ocasión abordaremos la ciencia detrás de la transformación de los alimentos procesados y cómo los métodos de conservación prolongan su vida útil, garantizando su inocuidad. Al respecto, puedes leer también a Consejos para integrar alimentos procesados a tu alimentación
¿Qué es la tecnología alimentaria y por qué importa?
La tecnología alimentaria aplica la ciencia, la ingeniería y la innovación en todas las etapas de la cadena alimentaria: desde el cultivo y la recolección, hasta el procesamiento, la conservación, el envasado, la distribución y el consumo final.
Es importante porque responde a dos necesidades esenciales en nuestra alimentación:
- Inocuidad alimentaria: Previene contaminaciones que pueden causar enfermedades y prolonga la vida útil de los alimentos.
- Nutrición y salud: Conserva y mejora el valor nutritivo de los productos que forman parte de nuestra dieta.
Además, la tecnología alimentaria también impulsa la sostenibilidad al optimizar recursos, reducir pérdidas y fomentar alternativas como proteínas vegetales, productos sin gluten o alimentos con menos sodio y azúcar.
Por todo esto, se ha convertido en un campo clave no solo para especialistas, sino también para la salud pública y para consumidores que buscan tomar decisiones más informadas.
Conservación e inocuidad alimentaria
Uno de los aportes más importantes de la tecnología alimentaria es la conservación de alimentos. Desde hace miles de años hemos utilizado métodos como la salazón, el ahumado, la cocción o la fermentación para que los alimentos duren más tiempo.
Con el paso del tiempo, estas técnicas se han transformado en procesos más controlados y efectivos, como la congelación, el enlatado o la pasteurización.
En esencia, los métodos de conservación buscan mantener los alimentos seguros al reducir microorganismos patógenos y prevenir enfermedades transmitidas por alimentos.
Cada año, millones de personas en el mundo sufren intoxicaciones alimentarias. Aun así, gracias a los avances tecnológicos, hoy es posible regular la temperatura, la humedad, el pH y otros factores que aseguran que un alimento sea seguro desde su producción hasta que llega a tu mesa.
Además de los métodos tradicionales, también existen tecnologías que permiten ofrecer alimentos con características muy similares a las de un producto fresco. Entre ellas destacan las atmósferas modificadas, la liofilización y las altas presiones hidrostáticas.
Tecnología al servicio del valor nutrimental
Existe la idea de que los alimentos procesados siempre pierden nutrimentos, pero la realidad es más amplia. La tecnología alimentaria no solo busca conservar el valor nutrimental, sino también mejorarlo o incluso añadir nutrimentos clave.
Algunos procesos que ayudan en esto incluyen:
- Liofilización: Este proceso de deshidratación en frío elimina la humedad por sublimación. Es ideal para frutas, verduras o café, ya que conserva mejor las vitaminas y compuestos bioactivos sensibles a las altas temperaturas.
- Congelación: Mantiene gran parte del valor nutritivo de los alimentos, siempre que no se rompa la cadena de frío. Además, utiliza materias primas en su punto óptimo de maduración, asegurando el máximo potencial de nutrimentos.
- Escaldado: Aplicado en alimentos vegetales para inactivar enzimas y evitar la pérdida de textura y nutrimentos durante el almacenamiento. También reduce el desperdicio al prevenir cambios de color que afectan la aceptación visual de los productos.
- Fermentación: Además de conservar, mejora la biodisponibilidad de nutrimentos y genera compuestos benéficos, como probióticos. Hoy día existe una amplia gama de productos fermentados, desde bebidas y productos de panificación hasta lácteos, entre otros.
- Cocción controlada: Minimiza la pérdida de vitaminas hidrosolubles (como la vitamina C) y mejora la inocuidad del producto. Los alimentos procesados industrialmente se someten a controles estrictos que optimizan los tiempos de cocción para asegurar tanto su inocuidad como su valor nutrimental.
- Fortificación de alimentos: Esta estrategia de salud pública consiste en añadir nutrimentos indispensables, como hierro, zinc y ácido fólico en harinas de trigo y maíz, o vitamina D en lácteos. Esta práctica ayuda a prevenir enfermedades relacionadas con deficiencias nutrimentales.
Estos ejemplos demuestran cómo la ingeniería y la ciencia garantizan que los alimentos lleguen al consumidor de manera segura y con un valor nutrimental mejorado.
Innovación en alimentos funcionales y especializados
La tecnología alimentaria también impulsa la creación de alimentos funcionales y productos diseñados para necesidades específicas. Este tipo de alimentos ofrece beneficios adicionales para la salud o se ajusta a estilos de vida particulares.
Algunos ejemplos son:
- Alimentos funcionales: yogures con probióticos, bebidas enriquecidas con antioxidantes o snacks con omega-3.
- Plant-based: alternativas a la carne y los lácteos elaboradas a partir de proteínas vegetales, con un impacto positivo en la sostenibilidad y la reducción de la huella ambiental.
- Productos libres de alérgenos o ingredientes que pueden causar sensibilidad: como alimentos sin gluten o sin lactosa, que responden a condiciones de salud específicas.
- Formulaciones personalizadas: el futuro apunta a productos diseñados con base en la genética, microbiota o estilo de vida de cada consumidor. Por ejemplo, para las personas que viven con diabetes, consumir alimentos o productos con la calidad y cantidad adecuada de hidratos de carbono puede ayudarles a controlar los niveles de glucosa en sangre.
La ciencia detrás de estos avances integra conocimientos de bioquímica, microbiología y nanotecnología para desarrollar alimentos que promuevan la salud cardiovascular, el sistema inmunitario o la salud digestiva.
Conclusión
Lejos de ser una amenaza, la tecnología alimentaria es un puente entre la ciencia y la salud, que permite a los consumidores acceder a productos más seguros, nutritivos y adaptados a sus necesidades.
Los alimentos procesados no deben considerarse sinónimo de pérdida de calidad, sino una forma de preservar lo mejor de los ingredientes, garantizar la inocuidad y facilitar una nutrición más personalizada y sostenible. Y esto es… la ciencia de los alimentos procesados.