¿Cómo la conservación de alimentos ayuda a reducir el desperdicio?
Descubre cómo la conservación y el procesamiento de alimentos reducen el desperdicio y garantizan seguridad, sabor y nutrición.
La realidad es que el procesamiento de alimentos ha acompañado a la humanidad desde sus inicios. Primero fue la cocción, y más tarde aparecieron técnicas como el ahumado, el secado, la salazón o la fermentación, todas con un objetivo claro: hacer los alimentos seguros, comestibles y duraderos.
Un poco de historia de la conservación de alimentos
- Hace 25,000 años: egipcios y europeos conservaban los alimentos con sal.
- Hace 8,000 años: en Europa ya se utilizaban técnicas de ahumado y secado.
- Hace 4,500 años: en Medio Oriente comenzó la fabricación de quesos para conservar la leche.
- Siglo XIX: surgió el enlatado y la pasteurización para conservar por más tiempo productos perecederos como la leche.
- Siglo XX: la congelación permitió tener frutas y verduras disponibles todo el año.
Gracias a estas prácticas, los alimentos no solo se hicieron más seguros, también pudieron almacenarse y transportarse, reduciendo pérdidas y asegurando su disponibilidad.
Factores que afectan la conservación
Durante el almacenamiento, los alimentos pueden presentar cambios en: sabor, aroma, color, textura, valor nutritivo y apariencia.
Estos cambios se deben a factores como:
- El calor o el frío.
- La luz y la humedad.
- El oxígeno.
- Las enzimas naturales del alimento.
- La acción de microorganismos.
- Incluso el paso del tiempo.
Esta variedad de factores, adicional a la gran diversidad de alimentos que disfrutamos todos los días, son la razón de los numerosos métodos de conservación y procesamiento de alimentos que hoy día existen, como parte del viaje que recorren los alimentos desde el campo a la mesa.
¿Qué es realmente un alimento procesado?
El término suele confundirse con productos “altamente procesados” o “menos nutritivos”. Sin embargo, procesar un alimento significa cualquier acción que lo transforma de su estado original.
Algunos electrodomésticos y otros utensilios de la cocina pueden utilizarse para moler semillas y obtener harina o hacer puré de fruta o verduras para obtener salsas, etc. También es posible poner a secar hierbas frescas y utilizarlas posteriormente para sazonar platillos.
Ejemplos sencillos de procesamiento de alimentos en casa:
- Moler semillas para hacer harina.
- Secar hierbas para usarlas después como condimento.
- Preparar salsas a partir de frutas o verduras.
Ejemplos cotidianos en el mercado:
- Yogur, arroz integral o lechugas prelavadas.
- Nixtamalizar el maíz para hacer tortillas.
- Refrigerar, congelar o enlatar verduras y frutas.
El procesamiento puede ser tan básico como picar, lavar o congelar, o tan sofisticado como desarrollar panes sin gluten o fortificar harinas con ácido fólico para mejorar la nutrición de poblaciones enteras.
Métodos de conservación de alimentos
Los métodos actuales evolucionaron para adaptarse a la diversidad de productos y necesidades de consumo. Algunos de los más comunes son:
- Lavado, limpieza y corte.
- Molienda y fermentación.
- Calentamiento, pasteurización y escaldado.
- Enlatado, congelación y deshidratación.
- Mezcla, envasado y refinación.
Aunque no existe un método perfecto ni ilimitado (todos los productos tienen fecha de caducidad), estas técnicas permiten que los alimentos se mantengan seguros por más tiempo y que estén disponibles durante todo el año.
Consejos para elegir alimentos procesados con confianza
Con la gran diversidad de alimentos naturales y procesados disponibles en el mercado, ¿cómo decidir qué alimentos procesados comprar y cuáles limitar? Aquí presentamos algunos consejos que podrán guiar mejores elecciones:
- Revisa su valor nutrimental: prioriza aquellos que aporten fibra, proteínas, vitaminas o minerales.
- Lee las etiquetas: una lista larga de ingredientes no significa que un producto sea poco saludable.
- Conoce el papel de los aditivos: algunos protegen contra bacterias, otros mejoran sabor, textura o apariencia.
- Combina opciones: un platillo fresco como una ensalada puede enriquecerse con alimentos procesados saludables que aporten practicidad y nutrición.
Procesar no es lo mismo que perder calidad
En conclusión, los alimentos procesados son parte de nuestra vida diaria y han sido esenciales para garantizar seguridad, variedad y disponibilidad en la dieta. Elegidos con criterio y combinados con alimentos frescos, contribuyen a una alimentación equilibrada, reducen el desperdicio y permiten que más personas tengan acceso a comidas seguras y nutritivas.
Fuentes de consulta
- Desrosier, N. W. (2007). Conservación de alimentos (2a edición). Grupo Editorial Patria.
- Potter, N. N., & Hotchkiss, J. H. (1999). Ciencia de los alimentos (5a edición). Editorial Acribia.
- Duyff, R. (2017). Academy of Nutrition and Dietetics Complete Food and Nutrition Guide (5a edición). Houghton Mifflin Harcourt.
- Aguilar Morales, J. (2012). Métodos de conservación de alimentos (1a edición). Red Tercer Milenio.